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La Coctelera

caminando en el atardecer

sueños e ilusiones sobre lo humano y lo divino.

18 Octubre 2007

Vemos con frecuencia anuncios en televisión que nos invitan a modificar nuestra conducta para mejorar nuestra salud.

Se nos invita a beber con responsabilidad, a no conducir si hemos tomado una copa de licor, a utilizar los cinturones de los vehículos, a moderar nuestra velocidad y respetar los límites establecidos.

Los fumadores ven limitados los lugares donde pueden consumir sus cigarrillos, se nos anima a cambiar los cigarrillos por parches de nicotina, a comer chicles, pipas,…todo con el fin de conseguir que el humo no esté presente en nuestras vidas.

Se nos anima a cambiar de hábitos alimenticios, evitar las grasas, la comida basura y rápida, tomar abundantes frutas y verduras, realizar ejercicio, caminar todos los días, etc.

Estos y otros consejos pretenden reducir daños. Daños corporales que pueden conducir a la muerte y daños colaterales a personas de nuestro entorno o personas desconocidas que pueden sufrir por negligencias que cometemos los demás.

Pero ¿qué sucede con las drogas? Vemos anuncios que nos avisan de su peligrosidad, se siguen utilizando medidas legales aumentando la dureza legislativa y la persecución policial, pero ¿es suficiente? ¿Se reducen los daños?

Si en contra de los deseos de la ONU la producción y el consumo de droga sigue como hace diez años, si los intentos de erradicar su consumo y su producción se han saldado con fracaso, si en Estado Unidos, las personas encarceladas por motivos de droga superan los 500.000 ( más que toda la
población reclusa de Europa Occidental ), si el 6% del comercio mundial ( alrededor de 290.000 millones de euros , unos 400.000 millones de dólares) es la cantidad mundial que mueve el mercado de la droga, si enriquece a delincuentes, a políticos corruptos, a terroristas; ¿ no habrá llegado el momento de pensar en su legalización?

Dejaría de ser una cuestión criminal para pasar a ser un problema médico. Sin duda aumentaría el gasto medico del país, pero también aumentarían los ingresos dedicados a los impuestos de la venta legal de la droga. ¿No merecería la pena cambiar la corrupción, el crimen por las empresas farmacéuticas?

Por muchos narcotraficantes que se detengan y encarcelen siempre aparecerán otros dispuestos a enriquecerse y a correr los riesgos para conseguirlo.

En algunos países ya se empieza a legalizar ¿podría ser una solución?
¿Qué pensáis vosotros?

9 Septiembre 2007

¿Qué decir?

No les falta razón a los que, desde el Tercer Mundo, piden
ser tratados como animales. Una vaca se subvenciona en Europa con cinco euros diarios, en Japón con siete euros diarios. Si los mil millones de pobres fueran considerados animales, a lo mejor recibian algo. Cosas como ésta te hacen dudar de que estemos construyendo un mundo mejor.

Carlos Martinez, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Ciéntificas

31 Agosto 2007

los nuevos ateos

Siguiendo la estela de El Código Da Vinci, en el que se ponían en duda doctrinas católicas, han ido apareciendo en el mercado libros que intentaban dar, con visos de realidad, versiones diferentes sobre Jesús de Nazaret y la doctrina de la Iglesia Católica.

Al mismo tiempo como reacción al intento de los fundamentalistas norteamericanos sobre el creacionismo y su intento de enseñar en la escuela como teoría científica la creación del mundo por Dios han ido apareciendo en Europa y en USA libros que intentan demostrar la no existencia de Dios.

Siempre han existido las personas que se declaran ateos o agnósticos desde su visión de la vida y su convencimiento personal digno de todos los respetos.

Ahora sin embargo vemos una forma de ateísmo defendida entre otros, por Richard Dawkins en su libro : El espejismo de Dios; Cristopher Hitchens en su obra : Dios no es grande y Victor J. Stenger en : Dios: la hipótesis fallida, que no es una nueva forma de pensar sino una autentica critica agresiva y descarada a la religión.

Rechazan la existencia de Dios atendiendo a la libertad individual y a la igualdad humana en la que la muerte de Dios sería un bien social ya que la religión fuerza a la gente a comportarse de manera cruel y violenta, es un fraude y no hay diferencias entre el racismo y la religión. La religión educa a los niños en el odio a los no creyentes, llegando a asegurar que el Estado debería proteger a los menores de las creencias de sus padres.

Lamentablemente en esta crítica feroz no abunda el rigor y si parece predominar el interés crematístico. Lejos del rigor de ateos como: Demócrito, Pomponazzi, Laplace, Marx, Engel ,Bakunin, Camús, Jean-Paul Sartre, Bertrand Russell, etc.

Los libros dedicados a este ateísmo nuevo han vendido más de un millón de ejemplares en el año 2007.

24 Agosto 2007

Jon Sobrino escribía ‘Reflexiones a propósito del terremoto‘ el 16 de enero 2000, tres días después del terrible seísmo que sufrió El Salvador. Salvando las distancias, el Katrina muestra la misma tragedia para los pobres. Ahora en Perú la historia se vuelve a repetir.

“Vivir en este país [El Salvador] es siempre una carga muy dura de llevar. Oficialmente, la mitad de la población vive en pobreza, grave o extrema. De la otra mitad, otra buena mayoría vive con serios agobios y dificultades, todo lo cual se agrava con las catástrofes: en 1986 otro terremoto asoló al país, hace dos años fue el Mitch. Y no hay que olvidar quince años de represión, guerra, éxodo masivo, destrucción.

Vivir es, pues, una pesada carga, pero no lo es para todos por igual. Como siempre, lo es muchísimo más para las mayorías pobres. El terremoto ha destruido casas, pero muy mayoritariamente las de bajareque y adobe, donde viven los pobres porque no pueden construirlas de cemento y hierro. Los deslaves y derrumbes han soterrado personas y viviendas -esta vez también casitas de clase media baja-, pero siempre soterran a los pobres porque sólo en esas inhóspitas laderas, no en tierra llana y fértil, han encontrado lugar para sembrar. Lo mismo ocurrió durante el conflicto bélico. La inmensa mayoría de quienes sufrieron la represión y de quienes murieron en guerra, de uno y otro bando, fueron pobres. Y así sucesivamente.

El terremoto no es, pues, sólo una tragedia, sino que es también una radiografía del país. Muy mayoritariamente mueren los pobres, quedan soterrados los pobres, tienen que salir corriendo con las cuatro cosas que les quedan los pobres, duermen a la intemperie los pobres, se angustian por el futuro los pobres, encuentran inmensos escollos para rehacer sus vidas los pobres. También otros sufren con el terremoto, indudablemente, pero, por lo general, pasado el susto, reconstruyen lo que se les ha dañado, vuelven a la normalidad y pueden seguir viviendo, algunos de ellos rodeados del lujo de siempre.

Los terremotos, como los cementerios, revelan la inicua desigualdad de una sociedad y, así, muestran su más honda verdad. Algunas tumbas son suntuosas, grandes panteones y lujosos mármoles, bien ubicadas. Otras, casi sin nombre y sin cruces, se amontonan en lugares y quedan anónimas. Son la mayoría. Los terremotos recuerdan a los cementerios y escenifican, trágicamente, la parábola de Jesús: “Había un señor muy rico que banqueteaba todos los días. Y a los pies de su mesa había un pobre, Lázaro, que esperaba que cayeran migajas de la mesa…”

17 Agosto 2007

el tiempo sin edad

Estuve en el entierro del padre de un compañero hace unos días. Murió con 72 años, todo el mundo decía que era “joven”.

Primera edad, segunda edad, tercera edad son términos que han ido sustituyendo a la infancia, a la juventud, a la vejez. Asistimos a una visión nueva del tiempo, no hacemos diferencias, es un tiempo continuo en el que callar la edad, mentir sobre ella, olvidarla sin más pueden ser simulacros liberadores.

Desde los famosos cumpleaños familiares hemos ido pasando por lo cumpleaños “sociales” rodeados de amigos y compañeros de colegio o guardería que han dado lugar a una “vida social” protagonizada por niños y a las que sus papas se suman con entusiasmo.

Posteriormente asistimos a la industria del rejuvenecimiento, perder tiempo para ganarlo después; los spas, los tratamientos adelgazantes, las curas termales, los masajes con vino, con barro, la sauna, junto a la ayuda de la cirugía estética, nos refuerzan en la idea de esconder el paso de los días en nuestra vida cotidiana.

Para terminar con la ocupación del tiempo que nos deja la jubilación al eliminar nuestra jornada laboral en viajes turísticos y eventos dirigidos especialmente a personas que no están sujetas a ningún horario más que al que ellas se impongan. Y que está dando lugar a la aparición de una poderosa industria financiera especializada en estas personas, en principio con tiempo y parece ser que con dinero.

Pretendemos desmentir la edad, durar sin cumplir años, sobrevivir evitando caer en las manos de la biología, de la medicina en suma. Huimos de la “turbadora” inestabilidad de las personas que cumplen años.

Es otra forma de entender la vida.

14 Agosto 2007

reconocer la verdad


Un día el maestro puso en evidencia a sus discípulos sirviéndose de la siguiente estratagema:

Entregó una hoja de papel y les pidió que hicieran constar en ella la longitud exacta de la sala en la que se encontraban.

Casi todos escribieron cifras en torno a los cinco metros. Varios de ellos añadieron la palabra “aproximadamente”.

El maestro les dijo: “Ninguno ha dado la respuesta correcta”.
“¿Y cuál es la respuesta correcta?”, le preguntaron.

“La respuesta correcta”, dijo el maestro, es “No lo sé”.

Piensa un poco.

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  • Archivado en: cultura Tags: verdad
  • 8 Agosto 2007

    Asistimos a un debate muy interesante en nuestra sociedad al que no me resisto a sumarme y más ahora que empiezan a leerse y oírse ideas y argumentos y no los consabidos insultos y descalificaciones no exentas de ira, a los que hemos asistido en estos meses.

    No es un fenómeno único en nuestro país sino que viene arrastrándose desde hace varios años y que nace en EE.UU. y en los países musulmanes en los últimos años.

    Me refiero al papel que deben jugar las religiones en la vida pública. Y más en concreto ¿cuál es el papel de las creencias religiosas en nuestra convivencia diaria?

    Se sigue hablando de ciudadanos y creyentes como si fuesen términos contradictorios cuando no hay nada que impida (y de hecho la historia está llena de acontecimientos que así lo afirman) ser un buen ciudadano y un buen creyente. Otra cosa sería pedirles a los ciudadanos que fuesen creyentes, opción que es y debe ser voluntaria en todo momento y en todo lugar.

    Además de ciudadanos y creyentes existe una tercera categoría, la formada por los cristianistas, aquellos que más que creer en Jesús de Nazaret son defensores del legado cultural del cristianismo y que defienden esta vinculación cultural como una exigencia de su propia fe porque de lo contrario esta estaría desprotegida al no estar integrada en su correspondiente cultura.

    Piensan que una buena sociedad puede formar buenos creyentes en contraposición a los que piensan que solo buenos ciudadanos pueden crear una buena sociedad. El problema empieza cuando estos últimos intentan imponer sus puntos de vista a todos los demás .

    24 Julio 2007

    Hace en estos días veinte años que deje de fumar. Una angina de pecho y un doctor –buen amigo- se encargaron de eso. Una por su serio aviso sobre mi vida y el otro por su empeño en recordarme continuamente que el tabaco no era bueno en mi situación y debía de dejarlo.

    Hoy, debo de reconocer que fui fiel al aviso y al consejo-prohibición y deje el tabaco desde ese mismo momento. Mentiría si no reconociese que fue difícil y que aún recuerdo, y mis amigos me lo dicen con frecuencia, el placer que sentía al encender la pipa.

    ¿Qué tiene la pipa, un cigarrillo, el tabaco en suma, que lo hace tan difícil de dejar? La respuesta puede ser bien sencilla: todo.

    El placer de acercarse al estanco, de ver el colorido de sus bolsas o paquetes, el aroma que se acerca a tu nariz cuando abres la bolsa y con los dedos coges una briznas de tabaco para introducirlas en la cacerola de la pipa, la forma de aprisionar el tabaco para que arda al ritmo que tu deseas, aireándolo lo suficiente para que dure el tiempo necesario , ardiendo sin consumirse en exceso, coger el mechero y acercarlo a la pipa dispuesto a prender el tabaco, el humo que entra en tu boca mientras empieza a encenderse, la satisfacción de expulsar las primeras bocanadas de humo, saboreándolo y viendo como se eleva, mientras retiras el mechero ya inútil y acabado su trabajo.

    La compañía de la pipa en la boca, entre los dedos de la mano, el mantenerla encendida o dejar que se vaya apagando lentamente para volver instantes después a encenderla, las horas que te puede acompañar hasta que finalmente el tabaco se ha consumido en su totalidad. La liturgia de su limpieza, el desarmarla y tirar o limpiar sus filtros, pasarle la escobilla para limpiar su interior, darle crema para eliminar los restos de nicotina o sacarle brilla a su madera, la elección de la pipa que vas a usar, pipa o cachimba, la paciencia con la nueva hasta que vaya adquiriendo el tono adecuado, el rastro de aroma que va delatando tu presencia…y tantas cosas que hacen de fumar una pipa un pequeño placer, como si hubieran sido creados con ese fin, placer que como decía al principio sigo echando en falta al cabo de veinte años.

    Es verdad que no todas las pipas, todos los cigarrillos son un placer o una dicha. Pero hay muchas personas que disfrutan de un cigarrillo, de una pipa, después de comer, o a determinadas horas porque saben que han sido diseñadas/os para su placer.

    Y en sus bocanadas de humo ascendiendo al cielo, yo también estoy acompañándolos mientras publico este pequeño comentario.

    Sobre caminando en el atardecer

    Discreto amigo aspira ser este blog, manteniendo diálogos con vosotros en una noble conversación, hija del discurso, madre del saber, desahogo del alma, comercio de los corazones, vinculo de la amistad, pasto del contento y ocupación de personas

    Visitas de mis amigos

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    mis últimos libros

  • contigo aprendí
  • Yo y tu, objetos de lujo, de Vicente Verdú
  • Aprender a convivir, de José Antonio Marina
  • El estilo del mundo. de Vicente Verdú
  • Tertulias de bioética de Juan Massiá Clavel
  • Por qué soy cristiano de Jose Antonio Marina
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