
Asistimos a un debate muy interesante en nuestra sociedad al que no me resisto a sumarme y más ahora que empiezan a leerse y oírse ideas y argumentos y no los consabidos insultos y descalificaciones no exentas de ira, a los que hemos asistido en estos meses.
No es un fenómeno único en nuestro país sino que viene arrastrándose desde hace varios años y que nace en EE.UU. y en los países musulmanes en los últimos años.
Me refiero al papel que deben jugar las religiones en la vida pública. Y más en concreto ¿cuál es el papel de las creencias religiosas en nuestra convivencia diaria?
Se sigue hablando de ciudadanos y creyentes como si fuesen términos contradictorios cuando no hay nada que impida (y de hecho la historia está llena de acontecimientos que así lo afirman) ser un buen ciudadano y un buen creyente. Otra cosa sería pedirles a los ciudadanos que fuesen creyentes, opción que es y debe ser voluntaria en todo momento y en todo lugar.
Además de ciudadanos y creyentes existe una tercera categoría, la formada por los cristianistas, aquellos que más que creer en Jesús de Nazaret son defensores del legado cultural del cristianismo y que defienden esta vinculación cultural como una exigencia de su propia fe porque de lo contrario esta estaría desprotegida al no estar integrada en su correspondiente cultura.
Piensan que una buena sociedad puede formar buenos creyentes en contraposición a los que piensan que solo buenos ciudadanos pueden crear una buena sociedad. El problema empieza cuando estos últimos intentan imponer sus puntos de vista a todos los demás .




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Desde luego que ciudadano y creyente no son términos contradictorios. Son términos independientes, aunque no necesariamente ajenos; como bien dices, es una opción personal.
Entrando al trapo del debate que sugieres y sobre el término cristianista, no me queda muy claro ni el término, ni tu postura.
A mi entender, cualquier intromisión en la vida interior de las personas, sea religiosa, moral o del mundo de las preferencias y opciones personales de los ciudadanos (no de los creyentes o afiliados voluntarios, obviamente), lo consideraré siempre una invasión, una imposición, un ejercicio de poder, una extorsión o incluso una prevaricación moral (aunque no exista el término) si se realiza desde posiciones de cargo o grado, como algunos excesos que promueve la patronal de la organización religiosa católica.
El mensaje de Cristo habla por si mismo, a pesar, a veces, de sus exégetas. Lo que no me gusta es que su bandera sea enarbolada como justificación para manipular almas ingenuas que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, y que una Estado aconfesional está desprotegido y acabará convirtiéndose en Sodoma y Gomorra, si no conseguimos que los niños, en la escuela, aprendan valores cristianos. Reinventar el catecismo en la escuela, como asignatura obligatoria, cuando las iglesias están cada día más vacías, me parece bastante pobre solución; muy invasiva y muy cómoda.
¿Que tal si copiamos la fórmula de expansión y difusión del cristianismo en la barca, en el Lago Tiberiades, en el Monte Tabor, en el Gólgota, en el día a día, en la acción misionera de los creyentes?
¿Que tal si copiamos el sistema de madrazas musulmanas en lugar de copiar el de ikastolas?
Cavilo yo. Desde el respeto y la amistad, por supuesto.
Nunca había pensado en la prevaricación desde la moral, me parece interesante reflexionar sobre esa idea. Los cristianista pretenden vivir bajo un legado cultural fuera de la fe, pero al mismo tiempo pretenden imponerselo a los demás. Y esa imposición lleva una intromisión en la vida interior de las personas. El mensaje de Jesús va por otro camino, un camino personal que llevará a una mejora de la comunidad en la construcción del Reino. Y no podemos olvidar las barbaridades que se han cometido en bien de la Santa Madre Iglesia hasta no hace muy poco. Me apunto a vivir en el cristianismo del Lago Tiberiades o del Monte Tabor.
Un saludo
Por lo que veo, aqui solo se puede entrar a leer y a aprender.Estoy de acuerdo con todo. Enhorabuena por el blog