¿Hay algo más simple, más sencillo, más elemental y, a la vez, más profundo, significativo y elocuente que una mirada?

La mirada es un lenguaje esencial y primario. Es, quizás, la forma suprema del lenguaje. El modo más genuino, directo e inmediato de expresar la comunión y la comunicación.

Una mirada puede decir más que un largo discurso. Puede valer más que mil palabras. La persona entera se abre, se asoma, se revela, se comunica y se entrega en la mirada. Ningún
gesto es tan expresivo y tan universal forma de lenguaje como la mirada. La mirada es el idioma y el dialecto que habla y entiende toda persona: para bien o para mal.

Hay miradas que congelan, que petrifican, que castigan, que condenan, que matan. Hay, en cambio, miradas que alientan, que consuelan, que restauran, que curan, que fortalecen, que
protegen, que envuelven, que penetran, que salvan.

¡Por una mirada, un mundo! Cantó Gustavo Adolfo Bécquer. ¿ Y nosotros, como miramos?