Los españoles parecemos necesitar el ruido. El ruido y el bullicio forman parte de nuestra vida cotidiana. Desde las tertulias radiofónicas, a las tertulias televisivas llenas de chismes y cotilleos de “seudofamosos/as”, pasando por lo bares con la música a todo volumen, estamos rodeados de ruido. El ruido puede parecer divertido, pero también engañoso. Durante mucho tiempo hemos estado sufriendo “ruido mediático” acerca del atentado del 11-M. Desde todas las posiciones, se han estado cuestionando todos los indicios, variantes, pistas que afirmaban o negaban cualquier dato que pareciese dar luz sobre el mayor atentado terrorista que ha sufrido España.
Ese ruido ha vuelto a aumentar ante la proximidad del inicio del juicio y el conocimiento de algunas pruebas solicitadas por el juez, junto a la presencia de determinados testigos a petición de los abogados defensores. Estos datos han bastado para que vuelva a salir a escena todo lo vivido anteriormente, parecen dar la razón a unos y quitársela a otros. Pero el juicio necesita tranquilidad, necesita alejarse del ruido para estudiar las pruebas, escuchar a los testigos, e ir tejiendo los datos que le lleven a una sentencia independiente, justa y clara que traiga algo de paz y sensatez a esta nación tan “ruidosa”.
Parecemos empeñados en dar la razón a Ángel Ganivet que ya a finales del siglo XIX juzgaba a España “como una jaula de locos rarísimos, atacados de una manía extraña: la de no poder sufrirse los unos a los otros”
Espero y deseo que no.