
Los españoles parecemos necesitar el ruido. El ruido y el bullicio forman parte de nuestra vida cotidiana. Desde las tertulias radiofónicas, a las tertulias televisivas llenas de chismes y cotilleos de “seudofamosos/as”, pasando por lo bares con la música a todo volumen, estamos rodeados de ruido. El ruido puede parecer divertido, pero también engañoso. Durante mucho tiempo hemos estado sufriendo “ruido mediático” acerca del atentado del 11-M. Desde todas las posiciones, se han estado cuestionando todos los indicios, variantes, pistas que afirmaban o negaban cualquier dato que pareciese dar luz sobre el mayor atentado terrorista que ha sufrido España.
Ese ruido ha vuelto a aumentar ante la proximidad del inicio del juicio y el conocimiento de algunas pruebas solicitadas por el juez, junto a la presencia de determinados testigos a petición de los abogados defensores. Estos datos han bastado para que vuelva a salir a escena todo lo vivido anteriormente, parecen dar la razón a unos y quitársela a otros. Pero el juicio necesita tranquilidad, necesita alejarse del ruido para estudiar las pruebas, escuchar a los testigos, e ir tejiendo los datos que le lleven a una sentencia independiente, justa y clara que traiga algo de paz y sensatez a esta nación tan “ruidosa”.
Parecemos empeñados en dar la razón a Ángel Ganivet que ya a finales del siglo XIX juzgaba a España “como una jaula de locos rarísimos, atacados de una manía extraña: la de no poder sufrirse los unos a los otros”
Espero y deseo que no.




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Aunque esperas y deseas que no, amigo fetuza, el ser humano está desarrollando a una velocidad vertiginosa un miedo atroz al silencio, al reposo y la calma. Especialmente al silencio. Parece que el hecho de encontrarse ante un momento de quietud, en blanco, en el que a lo mejor no quede más remedio que mirarse a sí mismo, desata el pánico de terminar descubriendo lo vacío que se está.
Un buen fin de semana con momentos calmos y algún silencio...
Saludos.
Gran tema. El peor ruido es el mental, y por tanto el mejor silencio el mental, que no siempre está determinado por el ruido o silencio externo (pero influye que duda cabe). Cuando uno se acostumbra de vez en cuando a permanecer en ese silencio mental, la vida se expande sobremanera hasta el punto de que entran dudas sobre quién o qué se es. Lo cual tiene miles de efectos beneficiosos para todos los aspectos prácticos de la vida. Saludos