
Mi hermana argentina, Diana, está de vacaciones y ha dejado escrito un bonito comentario en su blog, siempre en prueba, haciéndonos participes del disfrute que supone ver el correr del tiempo, impreciso, sin horas.
Con envidia, sana envidia, no puedo por menos que pensar en nuestras prisas, pendientes siempre del reloj, sin darnos cuenta de que la vida apresurada que llevamos se va haciendo poco a poco más superficial, haciéndonos perder el contacto con los demás.
Las cosas que hacen que la vida sea atractiva y merezca la pena ser vivida: los amigos, la familia, necesitan tiempo. Vivir con prisas, deja poco tiempo para todo. Hemos dejado de disfrutar del arte de no hacer nada, de quedarnos a solas con nuestros pensamientos, disfrutando de las cosas, cosas que requieren tiempo para dejarse disfrutar: una charla, una partida de cartas, de ajedrez, la vida familiar, el aperitivo, el sexo…todo es mejor sin prisas.
Afortunadamente Diana ha encontrado el arte de no hacer nada y lo disfruta ¡inventando a Dios!
Y estoy seguro que serán unas vacaciones inolvidables.




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Bueno, mmar comentó en el anterior, yo comento en este.
¡Cuánta razón tienes¡ Las cosas que valen la pena, necesitan y solo pueden ser disfrutadas con tiempo, y también con disposición por supuesto. No tendría caso tener todo el tiempo del mundo, si no les damos el justo valor a todas esas cosas.
Un gusto leerte... siempre.