¿Quién no ha "jugado" al amigo invisible? En esta columna de la prensa nos da una buena idea para ser amigos invisibles ¿Por qué no seguirla?
No me conoces de nada, pero te voy a pedir un regalo. No soy la de la foto ni la del nombre que figura junto a la imagen. Soy ella y todos, y también tú. Sé que estás saturado de celebraciones y que tienes el billetero al borde de la quiebra con tanta gamba, y game boy para el niño, y detallito para la suegra, y aguinaldo para el portero. Pero el regalo que te voy a pedir no te va a costar un duro: apenas 30 minutos de tu tiempo. Y viene con premio: vasito de zumo, cruasán y el gustazo de saber que algo que tú ni notas que está a otro le puede salvar la vida.
El regalo que te pido no se vende ni en el mayor de los centros comerciales. Ni siquiera en aquel rastro en el que aún no sabes cómo encontraste el reno que se cayó hace siglos del reloj de la abuela. Tampoco la tecnología, con sus combates virtuales, sus coches parlantes y sus milagros vía satélite, va a proporcionártelo. No importa el tiempo que dediques a buscarlo: no lo encontrarás fuera de ti.
Cambia ese gesto escéptico: no me estoy poniendo mística ni soy víctima de una sobredosis de espíritu navideño. Solo acabo de leer la advertencia de Lluís Puig, responsable de hemodonación del Banc de Sang y Teixits, de que nos quedan reservas de sangre para cuatro días, y me ha dado por pensar que la operación que tal vez haya que aplazar por eso podría ser la mía, o qué pasaría si tuviera un accidente y no hubiera sangre de mi grupo para hacerme una transfusión. Y por eso me he decidido a poner el parche antes de la herida y pedirte que cambies al amigo invisible de la oficina por un amigo invisible universal, y la figurita de los chinos que acabará en el lavadero por unos mililitros de verdadera Navidad. Será un regalo de los buenos. De corazón.
Publicado por Imma Muñoz en El Periódico de Barcelona




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yo te regalo una sonrisa!