
Clamaba, indignada una señora ante las cámaras de la televisión, afectada por la crisis de Air Madrid. Ayer la Federación Española de Fútbol no veía motivos suficientes para suspender el partido de fútbol debido a las cuatro personas muertas y numerosos heridos en el accidente que les llevaba a Madrid para ver el partido.
El grito ¡Somos gente! refleja el sentimiento de impotencia al verse tratada como un objeto, un número sin rostro al que nadie atiende, nadie está obligado a dar razones, y del que se puede abusar sin problemas.
En estas ocasiones vamos dejando muestra de la inhumanidad a la que vamos acercándonos cada vez más rápido. Me asusta pensar que Vicente Verdú pueda tener razón cuando habla de cómo el poder de los ciudadanos, que se limitan a depositar su voto y a desaparecer, va dejando paso al poder de los consumidores. Estos si saben lo que quieren y además tienen claro sus derechos.
¿Dónde quedan nuestros proyectos, la lucha por nuestros ideales? ¿Dejaremos que nuestro yo consumidor sea el que transforme la sociedad?




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Y, sin embargo, todavía nos queda la capacidad de soñar. El día que nos la arrebaten, entonces sí que estaremos definitivamente perdidos. Vamos camino de ello.
Por eso, quizás, nuestra lucha debería estar en dejar de ser sólo consumidores para volver a ser también soñadores.
¿Lo haremos en 2007?
Ese es mi deseo. Un beso. Felicidades.
Pobres ilusos de nosotros!!si pensamos que votando arreglamos algo,al final no nos solucionan nada nuestros politicos,hemos de hacerlo nosotros...pero seguiremos soñando..que un dia de verdad vean que ellos estan por que los pusimos nosotros y que estan para servirnos a nosotros,no nosotros a ellos...uhhh!!!!que me lio y ya sabes luego que haga casi testamentos..
Aparte de esas cosillas..te deseo que pases unas felices fiestas con los tuyos y que el año que viene se cumplan todos tus deseos..hombre y los mios !!!!!!Un abrazo
Fetuza, lo de Air Madrid y lo del fútbol son cosas diferentes. Yo siempre he admirado a quienes, ante lo inevitable, optan por apretar los dientes y seguir adelante. Por ejemplo, el cómico que sale a actuar tras la muerte de su madre. Nunca quise salir a la puerta del trabajo para guardar cinco minutos de silencio ante los atentados de ETA. Era seguirle el juego a la banda terrorista. Lo hice cuando Miguel Ángel Blanco, el día que ETA se cerró todas las posibilidades al perdón y al olvido. Si su asesino estuviese algún día en la calle, me uniría a quienes fueran a por él.
Suspender el partido hubiera sido hacerle el juego al destino o, para los creyentes, hacerle el juego a Dios.
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