Aunque la mayoría se siga confesando católica y siete millones de personas acudan los domingos a misa ¿Por qué no se quiere a la Iglesia ahora?

Existe una imagen bastante triste y negativa de la Iglesia, en parte porque en los últimos tiempos tiene demasiada tendencia a regañar, y en parte porque existe una tendencia a ignorar o no apreciar sus valores e incluso a defender contravalores.

Para otros, la razón está en que no se quiere a la Iglesia porque va por la vida con todas las preguntas resueltas, con aire de suficiencia, como si las dudas, equivocaciones o fragilidades de la vida no fuesen con los católicos.

Otras opiniones afirman que no se aprecia a la Iglesia porque resultan casi invisibles los hombres y mujeres que viven apasionados por el Evangelio, el mundo, sus problemas y sus gentes y, en cambio, quienes aparecen suelen regañar más que animar y parecen más preocupados por defender derechos que por arrimar el hombro con otros para sacar adelante el mundo.

Hay quienes afirman que no se quiere a la Iglesia porque en lugar de contagiar la frescura del Evangelio repites viejas palabras y costumbres con un tono apagado y mortecino.

Y vosotros ¿qué opináis?

Con datos de la revista Vida Nueva