A lo largo de la historia la idea de Dios ha sido manipulada por reyes, religiosos y poderosos con demasiada frecuencia. Llamamientos a la guerra, a la conquista de otros países, a la liquidación del enemigo bajo gritos de. ¡Dios lo quiere!, ¡Alá es grande! ¡Santiago y cierra España!, ¡Por san Jorge! ¡Yo sólo responde ante Dios de mis acciones!...etc.; han sido frecuentes en la historia de este planeta.
Unas palabras referidas al Islam, dentro de unas citas académicas, totalmente desafortunadas e impropias de un intelectual, que dejó al mismo tiempo de lado toda autocrítica a situaciones parecidas por parte de los cristianos, han provocado el enfado de gobernantes, parlamentos y masas de países musulmanes.
Como sucede con frecuencia la idea central de lo dicho por Benedicto XVI sobre Dios, la razón y la violencia ha pasado desapercibida.
Pero hay varias preguntas que debemos hacernos: ¿Dónde está la defensa de la libertad de expresión y de cátedra? ¿Existen islamistas moderados que han dejado oír su voz ante lo que sucede? ¿Estamos ante una partida de ajedrez entre dos civilizaciones que, como siempre, están enfrentadas? ¿Está Europa retrocediendo ante el Islam? ¿Se le está pasando factura a Benedicto XVI por su oposición al ingreso de Turquía en la CEE?
Demasiadas preguntas ante un hecho banal que ha levantado demasiada polvareda.