Aplicar el humor, aplacar los humos

A veces vivimos situaciones que nos angustian porque pensamos que no tienen remedio ni solución.
Imaginaros que vuestra hija está estudiando en la universidad a unos cientos de Km. de casa. Cuando el curso está a punto de finalizar, recibid una carta que dice:

Queridos papá y mamá:

Siento no haber escrito antes, pero todo lo del escritorio se quemó cunado se incendió mi dormitorio del colegio mayor. Yo he salido del hospital y el médico ha dicho que pronto estaré recuperada por completo. Además me he ido a vivir con el chico que me salvó, porque casi todas mis cosas quedaron destruidas.
Ah, por cierto, sé que siempre habéis querido tener un nieto, así que os alegrará saber que como consecuencia de todo lo anterior, estoy embarazada y que pronto os daré uno.

Os quiere vuestra hija
María

¿Cuál sería vuestra reacción?
¿Cuáles vuestros primeros pensamientos?

Con el nerviosismo, los padres de María no habían leído una posdata que la carta traía en el reverso de la hoja. Decía así:

Posdata:

No hubo ningún incendio. Mi salud es perfecta y no estoy embarazada. En realidad, ni siquiera tengo novio.

Pero suspendí termodinámica y aprobé por los pelos la química y las matemáticas, y quería asegurarme de que no sacaríais las cosas de quicio.

¿Y ahora cuál sería vuestra reacción?

Esta carta puede ayudarnos a tomar conciencia de la importancia de distanciarnos de los problemas y a enfocarlos desde diversas perspectivas.
Es importante tener sentido del humor.
¿O no?