Entre las primeras podemos citar el estado calamitoso de la situación educativa de España, más propio de un país tercermundista que de uno que pretender ingresar en el club de los más poderosos.
Que ningún país que se precie de serio puede permitirse cambiar de ley general de educación cada 5 ó 6 años también es verdad.
Que nuestros políticos son incapaces de hacer un esfuerzo en busca de diálogo y consenso para sacar adelante una ley de la que todos dicen estar convencidos debe ser consensuada también es verdad.
Que muy pocas de las personas que se manifiestan a favor del proyecto, o en su contra saben de que va, incluidos sesudos comentaristas, profesores, padres y alumnos, porque no se lo han leído entero también es verdad.

Entre las medias verdades podemos hablar de las estadísticas, todos sabemos como hacerlas y como manipular sus datos. Y vemos como las manejan unos y otros. Se comparan datos que no son comparables o sacados parcialmente de un todo. Algunos ejemplos: el 76 % de emigrantes están en colegios públicos, el resto en concertados. En muchas ciudades no hay colegios privados concertados por lo tanto los hijos de los emigrantes deben ir al colegio publico. Si el 70 por ciento de la enseñanza es pública y el resto privada, las cifras no son tan escandalosas ¿o si? Lo interesante sería comparar colegios de la misma ciudad y ver que porcentaje hay en unos y en otros.

Otra media verdad es la cantidad de dinero que se dedica a los colegios concertados, 4000 millones para aproximadamente un 26 % del total de alumnos, 19000 millones para el resto, incluyendo en este porcentaje la inspección y demás. No son datos para comparar. Pero ningún gobierno ha publicado el dato definitivo ¿Cuánto cuesta un puesto escolar en la concertada? ¿Cuánto cuesta en la pública? En las ciudades que haya de los dos para que el dato pueda ser comparado.

Otra media verdad es el argumento de las 17 leyes distintas, una para cada autonomía. Hay tramos comunes y la posibilidad de hacer parte del currículo especifico para cada autonomía. (Otro tema que merece hablarse despacio)

Y finalmente, las mentiras. No se impide estudiar religión (en otro momento podemos hablar de este tema), ni se impide elegir centro, se pide que en función de las plazas que haya se repartan con criterios iguales que en todos los demás colegios.

Un tema apasionante que hace que muchos pongan sus intereses personales por delante de los generales. Quiera Dios que algún día pueda ser al revés.