Insistimos sin parar en la necesidad de leer. Nos quejamos que los jóvenes no leen. Tampoco lo hacen los adultos. Sin embargo hoy hay más libros que nunca, se editan de todos los tamaños, colores y temas imaginables. Incluso a precios adecuados a todos los bolsillos. No creo que el problema sea el leer sino el saber leer. Leer es descifrar cualquier tipo de signo. De las páginas de un libro salen volando hadas y dragones, mundos antiguos y mundos imaginarios, personajes llenos de generosidad y otros viles y ruines, historias, pensamientos, poesía y amor, ecuaciones y tratados de los asuntos más dispares. El acceso a ellos es fácil. Hoy tenemos mucha información en los libros, en Internet, en los periódicos gratuitos y de pago. Pero hay que saber leerla. Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro. La lectura proporciona una alegre sensación de poder y libertad que no siempre usamos como es debido. En el fondo nos cuesta trabajo aprender a pensar y en eso si llevamos muchos años de atraso.