Repetimos las palabras sin fijarnos en su significado; tomamos posturas, pero sin el aval de la razón, sin pensar en el por qué. Decimos “yo pienso que…”, pero sin haber reflexionado ni pensado, repetimos palabras vacías de contenido. Así no puede haber comunicación, sólo un monologo que es una forma de hablar sin ser escuchado, sin pretender compartir ni convencer a nadie.

Uno se apropia de la palabra, la hace suya cuando nace de la reflexión, cuando brota del silencio. Por nuestra boca salen palabras que han sido filtradas por el pensamiento. Parece la única forma de escuchar antes de responder, la manera de dialogar de dos personas dispuestas a escucharse y hablarse.

¿No sería mejor aprender a escuchar antes de hablar? Al fin y al cabo tenemos dos orejas y una sola boca.

¿Qué pensáis vosotr@s?