Algunos profesores consideran que no tienen prestigio si no suspenden a un determinado número de alumnos. ¿Cómo hacerlo? Muy sencillo preguntas muy largas y complejas, limitación de tiempo o de espacio, presencia de elementos subjetivos difíciles de evaluar, etc.
El resultado de esto es fácil de imaginar: alumnos desmotivados, artificialidad de los suspensos, imagen distorsionada de la realidad, etc.
Si prestamos atención a nuestro alrededor vemos que esto se repite en diferentes sectores de nuestra sociedad.
1.-La Iglesia suspende al gobierno con sus insólitos llamamientos a la desobediencia civil a jueces, alcaldes, funcionarios y católicos en general, incluida una inoportuna y peligrosa - desde mi punto de vista- referencia al rey. Sin olvidar la “comprensión” de ciertas manifestaciones de católicos por las calles protestando contra la política familiar del gobierno.
2.- El Partido Nacionalista Vasco suspende en democracia con su empeño en que Itutxa siga como presidente del parlamento. No recuerda las actuaciones de este señor referentes a votaciones, problemas electrónicos a la hora de votar y “errores de bulto” a la hora de aplicar la legislación vigente.
3.- Ciertos columnista de periódicos nacionales que suspenden al faltar gravemente a la verdad cuando insultan, sin contrastar debidamente su información, a personajes de la vida pública, como si tuviesen patente de corso para hacerlo.
4.- Nuestra sociedad cuando no “estudia” como resolver los problemas de convivencia que van apareciendo con la emigración, que si por ahora no son serios pueden llegar a serlo, tendremos que avanzar en la integración sin confundirla con la asimilación.
Tendremos que considerar este afán en suspender como un problema que nos afecta a todos y que habrá que buscar resultados para llegar al aprobado. Nos urge sacar buenas notas.