Durante siglos, el vino marcó las señas de identidad de la cultura occidental y, de forma muy especial, de las sociedades que se asomaban al Mediterráneo.
El descubrimiento del continente americano, la propagación del cristianismo y la expansión de los imperios coloniales del siglo XVIII y XIX acabaron extendiendo el cultivo de la vid a los cinco continentes, de tal manera que podemos afirmar que el mundo a principios del siglo XXI es una gigantesca copa de vino. Una copa de vino que nos invita a beber y a catar, dos cosas diferentes cuando hablamos del vino. En el fondo es la diferencia entre apreciar lo que el vino nos dice y nos recuerda o simplemente disfrutar de él bebiendo. Catarlo es conversar, primero con el vino y después con el resto de los amigos que nos acompañan. Una cata nunca será solitaria. Disfruta de una copa de vino y la verás convertirse en una gran copa de vino.¡Animate!



Pero con mesura, un buen vino ayuda a dialogar, pero si nos pasamos......