Consumir – y no ver, ni mirar, ni usar – la televisión es una de las características de esta sociedad del siglo XXI. La llamada “caja tonta” llena a la sociedad de su escala de valores. Valores que poco a poco van siendo aceptados y asumidos por los teleespectadores. Pero merece la pena que nos paremos a preguntarnos ¿quién decide estos valores? ¿Responden a modas? ¿Llevan segundas intenciones? Por poner unos ejemplos que pueden ser significativos y opuestos. No existe en España una serie televisiva en la que no aparezca uno o más personajes homosexuales como actores principales de la misma. Al mismo tiempo en varias de las de más éxito suelen aparecer sacerdotes cuya actuación deja mucho que desear. Creo que no todo se debe a la libertad de expresión. También están de moda las grabaciones con cámaras ocultas y eso me parece un atentado a la intimidad de las personas. Por eso pienso que debemos ser conscientes de que la televisión no siempre refleja la realidad y no olvidar aquellos consejos que nos animaban a aprender a encenderla y a apagarla, a no verlo todo, a no dejarnos engañar por la publicidad y muchos más. Solo así podremos ver la tele con otra mirada, una mirada que nos ayude a convivir, comprender y consumir mejor el fascinante mundo que nos muestra la “caja mágica” cuando deja de ser “caja tonta”
Categoría: televisión
Hubo una época en la que se pensaba que la televisión además de entretener debía de educar. La realidad es que a las cadenas de TV sólo les interesa ganar audiencia y deben de tener guardado en el cajón bajo llave cualquier tipo de responsabilidad sea de tipo pedagógico o moral. Al fin y al cabo los jóvenes y niños pasan frente al televisor el mismo tiempo que en la escuela.
Más lejos nos lleva Emilio Lledó que considera a la televisión una corruptora de neuronas por difundir la cultura del morbo, del cotilleo ya que una cosa es entretener y otra degenerar.
Pero el problema más serio que conlleva el uso abusivo frente al televisor, vivir las imágenes significa una perdida de lenguaje. Y el lenguaje es la cultura del ser humano, lo que conforma las ideas.
En los últimos años los pedagogos y sociólogos vienen denunciando que los jóvenes están perdiendo capacidad narrativa. A veces pienso que el problema no es la televisión ni sus programas basura ni los documentales que todos vemos, el problema es que preferimos no pensar y si ver y oír.


