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La Coctelera

Categoría: sociedad

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el tiempo sin edad

Estuve en el entierro del padre de un compañero hace unos días. Murió con 72 años, todo el mundo decía que era “joven”.

Primera edad, segunda edad, tercera edad son términos que han ido sustituyendo a la infancia, a la juventud, a la vejez. Asistimos a una visión nueva del tiempo, no hacemos diferencias, es un tiempo continuo en el que callar la edad, mentir sobre ella, olvidarla sin más pueden ser simulacros liberadores.

Desde los famosos cumpleaños familiares hemos ido pasando por lo cumpleaños “sociales” rodeados de amigos y compañeros de colegio o guardería que han dado lugar a una “vida social” protagonizada por niños y a las que sus papas se suman con entusiasmo.

Posteriormente asistimos a la industria del rejuvenecimiento, perder tiempo para ganarlo después; los spas, los tratamientos adelgazantes, las curas termales, los masajes con vino, con barro, la sauna, junto a la ayuda de la cirugía estética, nos refuerzan en la idea de esconder el paso de los días en nuestra vida cotidiana.

Para terminar con la ocupación del tiempo que nos deja la jubilación al eliminar nuestra jornada laboral en viajes turísticos y eventos dirigidos especialmente a personas que no están sujetas a ningún horario más que al que ellas se impongan. Y que está dando lugar a la aparición de una poderosa industria financiera especializada en estas personas, en principio con tiempo y parece ser que con dinero.

Pretendemos desmentir la edad, durar sin cumplir años, sobrevivir evitando caer en las manos de la biología, de la medicina en suma. Huimos de la “turbadora” inestabilidad de las personas que cumplen años.

Es otra forma de entender la vida.

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nostalgia de la pipa de tabaco

Hace en estos días veinte años que deje de fumar. Una angina de pecho y un doctor –buen amigo- se encargaron de eso. Una por su serio aviso sobre mi vida y el otro por su empeño en recordarme continuamente que el tabaco no era bueno en mi situación y debía de dejarlo.

Hoy, debo de reconocer que fui fiel al aviso y al consejo-prohibición y deje el tabaco desde ese mismo momento. Mentiría si no reconociese que fue difícil y que aún recuerdo, y mis amigos me lo dicen con frecuencia, el placer que sentía al encender la pipa.

¿Qué tiene la pipa, un cigarrillo, el tabaco en suma, que lo hace tan difícil de dejar? La respuesta puede ser bien sencilla: todo.

El placer de acercarse al estanco, de ver el colorido de sus bolsas o paquetes, el aroma que se acerca a tu nariz cuando abres la bolsa y con los dedos coges una briznas de tabaco para introducirlas en la cacerola de la pipa, la forma de aprisionar el tabaco para que arda al ritmo que tu deseas, aireándolo lo suficiente para que dure el tiempo necesario , ardiendo sin consumirse en exceso, coger el mechero y acercarlo a la pipa dispuesto a prender el tabaco, el humo que entra en tu boca mientras empieza a encenderse, la satisfacción de expulsar las primeras bocanadas de humo, saboreándolo y viendo como se eleva, mientras retiras el mechero ya inútil y acabado su trabajo.

La compañía de la pipa en la boca, entre los dedos de la mano, el mantenerla encendida o dejar que se vaya apagando lentamente para volver instantes después a encenderla, las horas que te puede acompañar hasta que finalmente el tabaco se ha consumido en su totalidad. La liturgia de su limpieza, el desarmarla y tirar o limpiar sus filtros, pasarle la escobilla para limpiar su interior, darle crema para eliminar los restos de nicotina o sacarle brilla a su madera, la elección de la pipa que vas a usar, pipa o cachimba, la paciencia con la nueva hasta que vaya adquiriendo el tono adecuado, el rastro de aroma que va delatando tu presencia…y tantas cosas que hacen de fumar una pipa un pequeño placer, como si hubieran sido creados con ese fin, placer que como decía al principio sigo echando en falta al cabo de veinte años.

Es verdad que no todas las pipas, todos los cigarrillos son un placer o una dicha. Pero hay muchas personas que disfrutan de un cigarrillo, de una pipa, después de comer, o a determinadas horas porque saben que han sido diseñadas/os para su placer.

Y en sus bocanadas de humo ascendiendo al cielo, yo también estoy acompañándolos mientras publico este pequeño comentario.

2

los mundos que conforman nuestro yo


“Nacimos de una pregunta
cada uno de nuestros actos
es una pregunta
nuestros años son bosques de preguntas
tú eres una pregunta y yo soy otra”

Octavio Paz, figuras y figuraciones

Nuestro yo está lleno de detalles, de valores, de etiquetas como cualquier blog que se precie. A veces contradictorios entre si y difíciles de jerarquizar en un orden determinado. Ignoramos como nacen, como se mezclan unos con otros, como se eliminan o incluso si luchan entre sí.

Esas etiquetes, esos valores, nos hacen darnos cuenta de los mundos diversos que conforman nuestro yo; somos de diversos lugares, el lugar donde nacimos, donde vivimos, donde trabajamos. Los sueños que nos acompañan ya sean personales o profesionales. Las aficiones que disfrutamos: deportivas, taurinas, televisivas, cinematográficas, literarias. Tenemos unas creencias religiosas o políticas. Optamos por una opción sexual determinada. Pertenecemos a una comunidad de vecinos. Posiblemente también a algún tipo de asociación.

Y en muchas de esas etiquetes tenemos más claro lo que no somos que lo que somos, muchas de ellas asumidas y otras nos las han colocado los demás.

Asumir unos valores, unas etiquetas determinadas nos obligan a vivir con gente que nos “entiende”, que pertenece a nuestro mundo, un mundo horizontal y múltiple con el que nos sentimos a gusto.

Y por eso, sentimos que formamos parte de él y podemos actuar en él.

Soy de Mewnew, Google, Firefox, Boggler,La Coctelera, de….

Estos son algunos de mis mundos, en plural.

1

aprender a esperar


El protagonista de la novela de Paul Auster, Brooklyn Follies , recuerda que su madre le decía que no se puede cambiar el tiempo. Es posible. Pero si se puede recuperar. Estoy de vacaciones e intentaré recuperar el tiempo y para eso he de aprender a esperar.

Se acabaron -por un tiempo- las prisas, los horarios rígidos, las reuniones de trabajo, el papeleo sin fin, el temor a llegar tarde
siempre, la monotonía de la rutina…etc.

Ese aprender a esperar puede ser una apasionante aventura,
prestar una atención especial para captar los sonidos de la calle, los pasos veloces o lentos de las personas que van y vienen, las conversaciones que tejen entre ellos, de sueños, de esperanzas; los ruidos de los coches con su música a todo volumen y sus
frenazos; el silencio de la calle a determinadas horas; los colores del paisaje urbano en sus edificios, en sus escaparates multicolores.

Captar las señales de la vida, los estados de ánimo las palabras que acuden a nuestros labios o que escribimos, las horas encontradas para conversar con los amigos o los vecinos, los
libros que esperaban nuestra lectura, el placer de sentarse en una terraza y tomar una cerveza fresca o un helado, disfrutar de la noche sin prisas, el pasear y ver los cambios producidos en nuestro entorno habitual y, por supuesto, disfrutar de la compañía
de la familia, de mi mujer, de mis hijos, de mis nietos.

De ahí que una actitud de espera, de constante y anhelante espera nos haga disfrutar de la recuperación de horas y de tiempo en
estos días vacacionales. Es recuperación puede hacerlas unas inolvidables
vacaciones.

5

la sociedad que viene

Un diez por ciento de los
habitantes de España son inmigrantes. Muchos de ellos con hijos que asisten a
las mismas escuelas que nuestros hijos.

Juntos contribuirán al futuro de este país. Y esa sociedad que vine sólo será posible si se construye sobre valores comunes.

Esa es la intención de la nueva asignatura que se impartirá en el próximo curso Educación para la ciudadanía. El respeto, la
tolerancia, el espíritu crítico, la solidaridad, los derechos humanos son valores dignos de ser enseñados y fomentados en nuestras escuelas.

Ya sabemos cuál ha sido la reacción de los obispos españoles. Se han opuesto con todas sus fuerzas, han hecho un llamamiento para que se boicotee la educación para la ciudadanía.

¿Puede un Estado Democrático exigir en la escuela una asignatura en la que haya contenidos filosóficos, políticos o morales? La respuesta debe ser afirmativa. Y esa asignatura debe ser obligatoria para todos ¿O es que los católicos no formamos parte de la sociedad civil?

Es lógico que pidamos diálogo ante los contenidos que se van a dar, que denunciemos los abusos que se den pero no podemos ignorar los derechos y deberes de la sociedad civil que se manifiestan a través de las leyes del Estado.

Y al mismo tiempo me produce tristeza ver como la jerarquía eclesiástica empieza el siglo XXI perdiendo una gran ocasión para buscar el consenso de los españoles y no el enfrentamiento como vienen haciendo en los últimos años.

Posiblemente esta asignatura ayude a nuestros escolares a ser más tolerantes, a ser menos impositivos con los demás, a aceptar las diferencias, a vivir en una sociedad pluralista y a ser capaces de integrar individuos y culturas.

Y puestos a pedir, ¿por qué no mandar a algunos obispos a clases de esta asignatura?

4

reescribir las relaciones interpersonales

Hace unos días realicé un viaje con mis alumnos, chicos y chicas de 12 a14 años. Durante las tres horas que duró el viaje en autobús los chicos fueron jugando con sus “plays” y sus teléfonos móviles. Me sorprendió que fueran “chateando” entre ellos y enviándose mensajes en lugar de hacerlo de viva voz cuando iban sentados al lado.

Hace unos días la prensa se hacía eco de los cambios en el patrón de comportamiento dentro del matrimonio. Empiezan a ser numerosos los matrimonios que utilizan dormitorios separados. Muchos de ellos suelen despertarse de noche, roncar, acostarse o levantarse a diferentes horas o simplemente pasan de “robarse” las sabanas durante la noche.
Además se ve como algo positivo, así se relaja la tensión de la vida cotidiana entre la pareja. Y no significa que existan tensiones entre ellos.

En un mundo que permite tener comunicación al instante con cualquier persona en cualquier lugar del mundo, intercambiando imágenes, ideas, canciones… resulta por lo menos chocante – a mi me lo parece – que tengamos dificultades para hablar cara a cara, mirando a nuestro interlocutor, viendo la reacción que le produce el intercambio de opiniones, de sugerencias, de maneras de ver las cosas.

¿Le tenemos miedo al otro? Por eso preferimos comunicarnos con otros medios más impersonales o simplemente hablamos banalmente de cualquier cosa y no nos interesa profundizar en el diálogo ni darnos en él.

¿Qué pensáis vosotros?

1

educar en una sociedad diversa

Educar es algo que hace todo el mundo. Hay personas que educan con buenas intenciones pero con resultados discutibles. Otros educan con malas intenciones aunque no siempre consiguen sus propósitos. Hay educadores de oficio y los hay de beneficio. Se puede educar con intención o sin querer.

Sin embargo en la actualidad se ha convertido en un proceso abierto, heterogéneo, contradictorio, de resolución casi imprevisible. No hay una sola sociedad con una educación común, del mismo modo que tampoco existe un acuerdo básico entre educadores, ni una voz autorizada para imponer criterios, ni siquiera -afortunadamente- una autoridad a quienes todos obedezcan.

Ante las nuevas dificultades educativas debemos pensar e cómo responder a los desafíos actuales. Que haya muchas voces y formas de educar no es el problema. El problema es que reine la confusión, la desorientación. Que las voces y los estilos sean contradictorios tampoco tienen porque ser malos, al fin y al cabo es el resultado de la libertad de expresión y de la pluralidad en la que vivimos.

Lo que si debemos de saber es cómo educar y a su vez respetar esta pluralidad de proyectos. Necesitamos un proyecto de comunidad nacional. Enseñar las lenguas nacionales, la tradición histórica, su legado cultural diverso, dar a conocer su realidad física y humana, asegurar la lealtad a las instituciones y reglas democráticas o lo que es lo mismo las bases de una cultura nacional, la nuestra. Si renunciamos a ella ponemos en peligro a la sociedad en la que vivimos.

Para empezar a mejorar revisemos los procesos comunicativos entre padres, alumnos, profesores, instituciones, expertos y hagámoslos más fluidos. Quizás así todos sepamos estar en nuestro lugar y a su vez seamos capaces de reconocer el lugar del otro.

Puede ser un principio. Un buen principio que nos ayude a mejorar la educación.

3

¿hablas de sexo con tu hijo/a?


La mayoría de los jóvenes creen estar bien informados, se sienten inmunes e incluso independientes. ¿Pero quién les informa? Si los padres no les informamos, ¿cómo aprenden?

La información sexual a la que pueden acceder los jóvenes y adolescentes es mucha, los amigos, internet, revistas juveniles, etc. Pero difícilmente saben separa lo que les sirve y lo que no.


A los padres nos puede costar dialogar sobre este tema con nuestros hijos, pero deberíamos tomar conciencia de los problemas con los que se pueden encontrar: embarazos no deseados, enfermedades de trasmisión sexual, etc.


Lo más seguro es que un adolescente no les cuente a sus padres que ya se ha iniciado sexualmente, tampoco le hará participe de sus dudas, de sus miedos y si usa o no métodos anticonceptivos.


La educación sexual no se agota en la explicación de cómo es su genitalidad, ni en la importancia de usar preservativos. La sexualidad es mucho más. No sirve esconderse en frases como:
ya se lo enseñaran, ya lo aprenderá cuando llegue su momento, ya le hemos enseñado lo que tenía que aprender.


Pero los peligros y las modas pueden ser peligrosas para ellos y hablando podemos orientarles de manera que vivan el sexo de manera inteligente.